Los crecientes vaivenes de la economía internacional y nacional hacen que la realidad sea presa de la inseguridad en ambos planos

David Escobar GalindoColumnista de LA PRENSA GRÁFICALo que más se hace sentir como factor desequilibrante en los diversos planos del acaecer en todas partes es la presencia y la influencia de la inseguridad, que siempre ha existido como expresión de la naturaleza humana, pero nunca con la proliferación y el impulso que hoy tiene. A raíz del aire de cambio existente, que pareciera no respetar fronteras, estamos todos a merced de lo que pueda venir, sea constructivo o destructor. Y en ese constante juego de perspectivas hay que reconocer en todo caso que persisten lo positivo y lo negativo, porque la realidad, por conflictiva que sea, jamás puede quedar cristalizada en ningún sentido, porque eso sería contrario al sano hacer de la conducta humana, como se vio a todas luces en la etapa de la ideologización, que abarcó una buena parte del pasado siglo.Dadas las circunstancias de la época que corre, la inseguridad se hace sentir en los más variados planos. Por ejemplo, en lo económico, en lo climático, en lo institucional, para sólo citar algunas áreas claves. En lo económico, para el caso, los temas de las exportaciones, de la inflación y del desajuste estructural están a la orden del día, y para un país como El Salvador ganan todavía más relieve, por nuestras limitaciones y nuestras insuficiencias más que conocidas. La desaceleración del comercio global es, ahora mismo, el peor escenario que podríamos imaginar, y lo que se espera, como aspiración más anhelante que realista, es que esta dinámica se revierta lo más pronto posible para ya no cargar con más desajustes en el futuro inmediato. Ojalá que sea así.En el orden climático, las crisis son generalizadas. En ese sentido, las fronteras geográficas y estacionales prácticamente ya no existen. Se producen excesos del clima por doquier, en los cuatro puntos cardinales. Inundaciones, sequías, desbordamientos, estragos de la más variada índole, y prácticamente nadie puede hacer nada para controlarlos a tiempo. Muchos ríos parecen en vías de inhabilitarse por falta de recursos hídricos. Las tormentas desquiciantes se hacen sentir sin previo aviso. Las estaciones parecen haber entrado en crisis de comunicación con el calendario. Y uno se pregunta: ¿Qué hacer para que toda esta conflictividad natural vaya entrando en la ruta del orden?En lo tocante a los diversos aspectos del desempeño económico, la incidencia de la inseguridad está a la orden del día, con los efectos dañinos que vemos y padecemos a diario en todas...

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