En un país como el nuestro es aún más imperioso dimensionar el pasado para que el presente y el futuro puedan actuar en común

Fecha de publicación20 Abril 2024
David Escobar Galindo
Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
Los salvadoreños no hemos tenido nunca la debida conciencia sobre el paso del tiempo, de seguro porque hemos sentido siempre que el manejo de la evolución les corresponde a los "más avanzados y pudientes". Desde luego, eso no es así, ni ha sido así en ningún momento o circunstancia; y quien nos lo ha ido poniendo en evidencia cada vez más patente es el fenómeno globalizador que se viene manifestando y expandiendo en forma progresiva, y sin riesgo de retroceso. Debido a lo anterior, nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro parecen realidades espontáneamente desconectadas, cuando en verdad constituyen realidades interactuantes, lo cual le provee armonía al avance que se da en el curso del tiempo. Hagámonos, pues, conscientes de esto para poder entender de veras lo que nos pasa y lo que no nos pasa.
La dinámica actual, en todas las latitudes y sin importar los niveles de las sociedades de que se trate, exige que se vaya en busca de las raíces propias, a fin de poder entender la naturaleza de lo que pasa. En nuestro caso, eso no se ha practicado tradicionalmente en la forma y con la puntualidad debidas, y por eso hemos padecido tantos despistes de trayectoria y tantas pérdidas de oportunidades. Es un gran logro, entonces, el hecho de que en estos días se esté haciendo tan imperativo hurgar en nuestro pasado de manera constante y analítica, para ir atando cabos que fortalezcan nuestro presente y le abran las puertas a nuestro futuro. Cada sociedad, y por ende cada país, es una historia en permanente descubrimiento, y eso es lo que hay que honrar.
Para decirlo en unas pocas palabras, la tarea consiste en descubrir el pasado, conducir el presente y prever el futuro; y ninguna de tales funciones puede ser un hacer espontáneo, sino que tiene que irse armando programadamente a fin de que todos los fines se cumplan y todas las perspectivas puedan concretarse. Tendría que haber una especie de campaña nacional, sin intenciones políticas de ninguna índole, para que toda la población, en sus variados niveles, vaya reconociendo esta realidad, en función de que no pueda haber deformaciones interesadas, que son las que más fácilmente hacen que la política activa se vaya convirtiendo en una caricatura de sí misma.
El pensamiento actual debe ir de la mano con la evolución actual, y cuidar de que sea así nos compromete a todos, independientemente de nuestro origen y de nuestra formación. Aquí también opera, de una forma...

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