VER QUE UNA HOJA SECA SE DESPRENDE Y CAE A TIERRA ES LA MEJOR IMAGEN DE NUESTRA PRESENCIA VIVA EN ESTE MUNDO

HistoriasDesde hacía algún tiempo venía pensando en silencio sobre lo que podría ser su futuro cuando ya no tuviera responsabilidades de trabajo por atender en el día a día. Y eso lo hacía en silencio porque no quería que su realidad se contaminara con ningún argumento que no fuera estrictamente propio.Y sus reflexiones se producían sobre todo en los momentos posteriores al despertar, cuando la luz del día apenas iba asomando en los entornos. Era verano, pero como todo ahora, el clima se manifestaba en forma imprevisible, y ese día el cielo nublado era una clara amenaza de tormenta, sin que hubiera invierno de por medio.Inesperadamente, al arribar aquella mañana al trabajo tenía a uno de los jefes esperándolo. No era una visita inocente: llegaba a transmitirle la decisión del Consejo Directivo de la empresa: se le cortaba el trabajo con una jugosa compensación. Él tomó aquello a la buena, casi listo para celebrarlo.Su esposa lo abrazó, emocionada y ansiosa. Pero casi de inmediato él sintió que su vida era como una bolsa defondada.-¡Vámonos de viaje ya, para vivir otros amaneceres y otros atardeceres antes de que estos se me apaguen! Así podrás recordarme como lo que soy en verdad: un apasionado de mi suerte.-¿Pero por qué dices algo tan siniestro?-¿Siniestro? ¡Pero si es lo más iluminador que se me ha ocurrido!¿Cuatro estaciones? ¿Pero qué es eso? Él siempre había vivido en un mundo de dos estaciones, lo cual le había servido para sentirse bien acompañado por el aire y por la luz. Nubarrones y cielo claro. Amaneceres encendidos y ocasos casi invisibles. Lluvia incesante y sequedad impasible. Se asomaba a su balcón hogareño o se encerraba en el pequeño estudio según fuera la onda del día. Y de pronto la voluntad del aire parecía en riesgo de quebrarse en pedazos.¿Y dónde estaba pasando eso que lo hacía sentir tan extraño sin ninguna razón aparente? ¿Dentro de sí o en los alrededores de sí mismo?-Voy a preguntárselo a mi propia intuición -se dijo con voz inaudible.Salió al aire libre, y éste de pronto parecía acosado por ondas extrañas. Era sin duda la confusión creciente de la atmósfera, que sin disimulo estaba intentando expresiones nuevas.Recordaba reiteradamente los años en que las dos estaciones tenían una puntualidad exquisita. Hoy, por el contrario, estaban perdiendo formalidad.Y daba la tentación de preguntarles a cada paso: ¿Y tú quién eres?-¿Yo? Tu nuevo acompañante: el otoño.-¿El otoño? ¿Aquí en pleno trópico?-Pues sí, porque el...

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