El Estado, en todas sus áreas orgánicas y administrativas, está en el deber de cuidar el gasto y la austeridad para que el país funcione

Fecha de publicación06 Abril 2024
David Escobar Galindo
Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
En todos los niveles de la vida concreta, sean individuales o sociales, culturales o políticos, el saludable desenvolvimiento de la actividad humana debe estar regido por principios, valores y normas de estricta racionalidad, porque de lo contrario todo tiende a descarrilarse o a perderse en el desperdicio o en la escasez. Cuando la desorientación se refiere precisamente al hacer estatal, lo que resulta en definitiva son Estados fallidos, que parecen ir flotando en aguas fuera de control, como con creciente frecuencia se ve ahora en todas las zonas del mapamundi. Nuestro país no tiene firme tradición de disciplina funcional, y por eso se halla más expuesto a los descontroles distorsionadores, aunque otras condiciones de nuestro avance parecen propicias para conducirnos en la dirección más previsora y adecuada.
Cuando una sociedad, como es el caso de la nuestra, viene estando cada vez más compelida por la dinámica del tiempo a responderle a la ciudadanía de un modo oportuno e inequívoco, los apremios de la inversión y del gasto se van volviendo imparables y de alcance cada vez mayor. En el pasado, los Gobiernos y las instituciones hacían sus planes sin sentir la presión ciudadana derivada de las necesidades y las aspiraciones de la gente; pero esas épocas ya quedaron recluidas en el pasado: hoy hay que cumplirle al ciudadano, si se quiere evitar el rechazo político, que es el que genera castigos electorales. Y tales esfuerzos de cumplimiento siempre tienen precios de inversión, que van a caer en las cajas y en los bolsones de las finanzas públicas.
El gasto, cualquiera que sea su origen e independientemente del plano en que se dé, constituye un riesgo de desquiciamiento que, si se descuida o elude, puede llegar a ser catastrófico, tal como es fácil detectar en las familias, en las organizaciones públicas y privadas, y en los Estados mismos. Y el control del gasto, unido al control del endeudamiento, conducen en conjunto a un manejo inteligente y responsable de las finanzas. Esto tendríamos que tenerlo presente sin ninguna evasiva o excusa en todo momento y lugar. Acabamos de señalar unidas la inteligencia y la responsabilidad, y esto no es casual: ambas, en real unidad, son las herramientas más firmes para asegurar destino.
El principal peligro del gasto consiste en que es una constante tentación, y más aún cuando se conecta con el ansia de "quedar bien", como es característica de aquellos regímenes políticos...

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